GERMAN PEREZ CHIRIBOGA
Era
la imagen fiel de la hidalguía.
Era lumbre y fulgor su fe confesa.
En él ni un solo rastro de tristeza,
ni lo fatal de la melancolía.
Era el fabulador de cada día
-del buen decir con grácil agudeza-
cuando en azul trocaba la aspereza
el universo de su fantasía.
Era en cualquier lugar de la jornada
el amigo entrañable, el camarada,
siempre seguro al paso de la suerte.
Pero de pronto lo enredó la vida
y ya en desgracia el corazón suicida
lo hundió en las viejas fauces de la muerte.